Aviación y Cine (III): Rocketeer

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Si el argumento de una película está ambientado en los años 30 y trata de un joven piloto que posee una mochila que le permite volar, resulta atrayente para verla. Si el malo es Timothy Dalton, un actor norteamericano que trabaja para los nazis, la cosa promete. Si va firmada por Walt Disney Pictures, es difícil que sea aburrida. Pero si encima la abre un genuino Gee Bee Model Z, entonces va a resultar toda una delicia.

Es una verdadera lástima que Hollywood no sea capaz de hacer ya películas como esta. Sincera, sin mensajes subliminales, ni moralejas. Cine puro, destinado a entretener y a divertir. Rocketeer (Joe Johnston.1991) fué una película criticada en su momento, pero que me aventuro que poco a poco ocupará el lugar que se merece dentro del género de Aventuras. Heredera del cómic homónimo y ambientada en Los Ángeles en 1938, cuenta la historia de un joven piloto de aviones de carreras (Billy Campbell) que, casualmente descubre un sistema de cohetes que, montado en una especie de mochila metálica, permite volar autónomamente al que lo lleva. Agentes nazis, la mafia y el FBI irán detrás de él y de su guapa chica (Jennifer Connelly) para recuperarlo, siempre de forma divertida y trepidante, en un delicioso entorno art decó

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Es una película llena de recuerdos y guiños históricos al pasado. En primer lugar, se muestra al magnate “aerófilo” Howard Hughes como el creador de la sensacional mochila voladora. Una mochila que tiene unas claras influencias de los programas balísticos de Werner Von Braun. Además, en una divertida escena dentro de los talleres de Hughes Aircraft, el protagonista huirá en una maqueta del futuro Hughes H-4 Hércules “Spruce Goose”. Por último, el multimillonario volador les echará una mano a los buenos con un autogiro Cierva C.30A (o incluso un Pitcairn PCA-2 construido bajo licencia del genial inventor español Juan de la Cierva).

¿Qué decir del malo malísimo de la película? Timothy Dalton, recién salido de su etapa Bond, encarna a una de las más famosas estrellas de la época dorada del sistema de estudios de Hollywood. Aunque no dice su nombre, su fino bigote y sus escenas en el rodaje de una película de un bandido clonado de Robin Hood nos recuerdan meridianamente al gran Errol Flynn. Rocketeer2-1Además, será recogido por sus colegas del III Reich en un gigantesco dirigible denominado Luxembourg, similar al gigantesco LZ-129 Hindemburg (que había estallado en New Jersey en 1937). Observando su matrícula LZ-130 podríamos aventurar que se trata de un guiño al Graf Zeppelin II, que realmente existió pero nunca entró en servicio (a raíz del accidente de su gemelo) como transporte de pasajeros. De todas maneras, para quitarse el sombrero el vuelo de los aviadores alemanes (volar de incógnito desde Alemania hasta Los Ángeles con un dirigible de 245 metros de largo no es moco de pavo).

Más escenas nos ofrecerán modelos históricos de aquella época. En medio de una exhibición aérea el protagonista salva, gracias a su mochila-cohete, al veterano piloto de un venerable Standard J-1 de 1918 (no confundir con los célebres Curtiss JN-4) en apuros (saludando de paso a los  estupefactos pasajeros de un Ford Trimotor en pleno vuelo), se nos muestran fugazmente ejemplares de otros modelos de la época como Brown B-2 Racer, Ryan ST o una réplica del famoso Travel Air Model-R Mystery Shipotro campeón de la velocidad. Pero el gran protagonista aeronáutico de la película será el avión de carreras que abre los títulos de crédito: El Gee Bee Model Z.

Fue este modelo un auténtico purasangre de carreras, el primero de los Super Sporters construidos por un pequeño fabricante de Massachussetts, Granville Brothers, con el fin de ganar la Thompson Trophy, una de las competiciones dentro de las llamadas National Races que se disputaron en circuitos en los años treinta. Experimentadas con bastante éxito antes de la Primera Guerra Mundial, las carreras aéreas suponían un gran espectáculo para el norteamericano medio. Tras una tibia primera edición en 1919, los hermanos Pulitzer, patrocinadores de la nueva idea, idearon una competición en circuito cerrado, a la vista de los espectadores. Los aviones girarían en torno a dos grandes postes o pilones, lo que obligaba a diseñar aviones no solo muy rápidos, sino también muy maniobreros, para girar lo más cerrado posible. Así es como nacieron estas carreras de tipo Pylon.

Convocatoria para las National Air races de 1932 en Cleveland

Convocatoria para las National Air races de 1932 en Cleveland

La competición estuvo en principio copada por aviones y pilotos militares, pero a partir de 1929 comenzaron a utilizarse aviones construidos por civiles, construidos para y por la competición. La nueva competición, denominada Thompson Trophy, por el magnate Charles Thompson, que la financió, empezó a convertirse en un verdadero espectáculo. Y en plena Depresión, quizá era para muchos la única posibilidad de seguir sobreviviendo.

El primer Thompson Trophy se celebró en Illinois en septiembre de 1930. Casi cuarenta mil personas asistieron a la carrera, que ganó el biplano Laird Solution, equipado con un poderoso radial  Pratt & Whitney R-1340 Wasp. Los constructores comenzaron a construir máquinas cada vez más rápidas y ágiles, pero cada vez más peligrosas: con las envergaduras cada vez más reducidas y los morros más largos para albergar motores muy potentes, el diseño se radicalizó, y así llegaron los Gee Bee

En julio de 1931, el fabricante Greenville Brothers presentó el primer Gee Bee de la historia: el Model Z. Bautizado City of Springfield, era un rechoncho tonel con alas (solo 4 metros y medio de longitud), difícil de gobernar y equipado con un poderoso motor radial sobrealimentado Pratt & Whitney R-985 Wasp Junior SC-G. Con él, el avión alcanzó, en agosto de aquel año y pilotado por Lowell Bayles, un nuevo récord mundial para aviones terrestres, dejando la aguja en los 430.245 km/h en una de las calificaciones para las National Air Races de aquel año. El nuevo bólido, amarillo y negro, con su matrícula NR77V, venció en varias carreras:  Goodyear Trophy Race,  General Tire and Rubber Trophy Race y en septiembre de 1931, la ansiada Thompson Trophy Race

Lowell Bayles posa delante de su Gee Bee Model Z "City Of Springfield" (Fuente: www.aircraftresourcecenter.com)

Lowell Bayles posa delante de su Gee Bee Model Z “City Of Springfield” (Fuente: http://www.aircraftresourcecenter.com)

Pero Bayles decidió seguir probando su avión hasta el límite. Tras remotorizar el Gee Bee con un Pratt & Whitney Wasp de 750 Hp, el 5 de diciembre de 1931, en Detroit, tras superar los 480 km/h, el avión efectuó un violento viraje y se precipitó a tierra, explotando y muriendo el piloto en el acto. Las pruebas posteriores no fueron concluyentes, aventurándose la posibilidad que una pieza suelta del capó hubiera podido chocar con el exiguo parabrisas. Sea como fuera, el avión, si bien muy veloz, era además demasiado peligroso en el gobierno por su radical diseño. Pero esta tragedia no frenó ni las ansias de las carreras ni la competencia entre los proyectistas en seguir creando estos diabólicos proyectiles. De hecho, el vencedor de la Thompson Trophy del año siguiente fue un Gee Bee Model R-1 Super Sportster, evolución mejorada del Model Z y equipada con un Pratt & Whitney R-1340 Wasp de 800 Hp. Lo pilotaba Jimmy Doolitle, el famoso aviador militar que en 1942 prepararía el secreto ataque contra Tokio con 16 bombarderos B-25 lanzados desde el portaaviones USS Hornet…

Aquellos Gee Bee, y los que se construyeron después, tenían un comportamiento tan asesino como el primero.  En la historia de las National Air Races, mataron a muchos pilotos e hirieron a más, pero lo curioso es que en aquellos años difíciles de la Gran Depresión, los hermanos Granville tenían cola entre los clientes que deseaban pilotar alguno de sus potentes aviones. Poco a poco, sin embargo, los Gee Bee fueron sustituidos en aquellas carreras pylon por modelos muy potentes pero menos radicales, y además comenzaron otro tipo de carreras de larga distancia, siendo la más famosa de ellas la Bendix Trophy.

El Model Z es repostado de combustible antes de iniciar pruebas de velocidad. El avión ha sido ya remotorizado con el P&W Wasp de 750 Hp. Obsérvese la radicalidad del diseño y los trenes carenados ( Fuente: airminded.net)

El Model Z es repostado de combustible antes de iniciar pruebas de velocidad. El avión ha sido ya remotorizado con el P&W Wasp de 750 Hp. Obsérvese la radicalidad del diseño y los trenes carenados ( Fuente: airminded.net)

Todo aquel espectáculo terminó con la Segunda Guerra Mundial. Muchos aviadores habían perecido en aquella era dorada de la aviación, pero contribuyeron, junto a los diseñadores de aquellos satánicos aviones, quizás sin tenerlo en cuenta, a evolucionar a gran ritmo la aviación civil, haciéndola más rápida y capaz. Por último, comentar que existen dos reproducciones del mítico Gee Bee Z. Una de ellas, con la envergadura levemente aumentada para hacerlo mas gobernable, es la que nos mostraron en Rocketeer. Peligroso o no, como bien comenta uno de los protagonistas antes de iniciar su primer vuelo, una verdadera joya de la Historia de la Aviación. Que se hubiera estrellado siete años antes es lo de menos…

Especificaciones (Gee Bee Model Z)

  • OrigenGranville Brothers Aircraft
  • Planta motriz: Un motor radial de 9 cilindros sobrealimentado Pratt & Whitney R-985 Wasp Junior SC-G refrigerado por aire de 535 Hp al despegue.
  • Dimensiones: Envergadura: 7,16 m. Longitud: 4,60 m. Altura: 2,1 m.
  • Pesos: Vacío: 635 kg. Máximo al despegue: 1.034 kg.
  • Prestaciones: Velocidad máxima operativa: 430 km/h. Velocidad de crucero: 370 km/h.
  • Tripulación: 1

Bibliografía consultada:

VV.AA (1992). Crónica de la Aviación. Barcelona: Plaza & Janés.

Pérez San Emeterio, C. (1991). Pilotos y Aventura. Barcelona: Juventud.

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