Aviación y Cine (XII): El último vuelo de “El arca de Noé”

El último vuelo del arca de NoéPara ver esta película hacen falta tres cosas: Una tarde soporífera, un bol de palomitas y una afición desmedida por los aviones. Buscando entre filmografías antiguas, encontré esta curiosidad de la factoría Disney que vi hace ya una importante cantidad de años. Supone ver la suficientemente entretenida historia con una misionera, un piloto de mala reputación por sus deudas y un par de niños huérfanos. Y por supuesto, un avión. Pero en este caso, no un avión cualquiera, sino uno de los iconos de la historia de la aviación: El Boeing B-29 Superfortress. Martillo ejecutor de la destrucción de las ciudades japonesas desde 1944, uno de ellos (el Enola Gay) tuvo el dudoso honor de meter a la humanidad en la era nuclear. Es significativo que fuera él, ya que la Superfortaleza volante es una de las más formidables armas de la Segunda Guerra Mundial…

Los restos del B-29 modificados como improvisada almadía y rebautizados como "El arca de Noé"

Los restos del B-29 modificados como improvisada almadía y rebautizados como “El arca de Noé”

Todo comienza cuando ella (una muy sexy Geneviève Bujold, que plantea la opción de la vocación misionera a más de uno) decide trasladar un montón de ganado en un avión de carga hacia una isla en el Pacífico, contrata los servicios de un piloto (el entonces famoso Elliott Gould, tras su papel en MASH, que luego encontró estabilidad e hijos como padre de Mónica y Ross en la cargante serie Friends) y su vetusto bombardero Boeing B-29 Superfortress.

Los improvisados tripulantes de "El arca de Noé"

Los improvisados tripulantes de “El arca de Noé”

La carga animal y los niños (nunca lloró mejor un niño que este Rick Schroder en las escenas finales de El Campeón, rodada junto a John Voight un año antes), éstos a bordo del avión como polizones, emprenden dicho viaje, pero una interferencia magnética que distorsiona la navegación de la Superfortaleza agota el combustible del mismo y obliga a su piloto a efectuar un amerizaje de emergencia en una isla desierta…o casi. Dos soldados imperiales japoneses desconocen el fin de la Segunda Guerra Mundial y siguen “resistiendo”. Advertidos de estas importantes modificaciones en la postura política internacional y de que sus compatriotas prefieren montar televisores en color y cámaras en miniatura a lanzarse en picado contra portaaviones americanos, naúfragos y residentes deciden abandonar la isla con la ayuda de aquel veterano cuatrimotor, o lo que queda de él…

Línea de montaje de las Superfortalezas en la planta de Wichita (Kansas), una de las que Boeing destinó a la construcción del B-29. Imágenes como ésta razonan quienes tenían que vencer en la Segunda Guerra Mundial. (Fuente: planesofthepast.com)

Línea de montaje de las Superfortalezas en la planta de Wichita (Kansas), una de las que Boeing destinó a la construcción del B-29. Imágenes como ésta razonan quienes tenían que vencer en la Segunda Guerra Mundial. (Fuente: planesofthepast.com)

Es el B-29 Superfortress un avión que, en el momento de su construcción supuso el mayor esfuerzo conjunto realizado por un país en la historia de la aviación. Un esfuerzo que comprometió enormes capitales financieros, a los mayores fabricantes aeronáuticos de los Estados Unidos y a la propia credibilidad de la ingente capacidad fabril de los norteamericanos. Ahora algunos historiadores consideran que la capacidad industrial de un país no es factor definitivo para ganar un conflicto bélico. Cierto es, si nos referimos a conflictos como VietnamAfganistán. pero al menos en la Segunda Guerra Mundial, la superioridad industrial de los norteamericanos fue un argumento aplastante para la victoria final aliada.

Formación de Superfortalezas sobrevuelan el Monte Fuji rumbo a Tokio

Formación de Superfortalezas sobrevuelan el Monte Fuji rumbo a Tokio

Su proceso constructivo estuvo jalonado de constantes riesgos, terribles accidentes y problemas técnicos de muy difícil resolución. Nacido en 1937 su concepto de VLR (Very Long Range), las grises perspectivas en Europa agilizaron el diseño y construcción de un aerodinámico monoplano cuatrimotor, capaz de bombardear objetivos a siete mil kilómetros de distancia, volando a velocidades y a una altura que ni muchos cazas interceptores podrían alcanzar. Las dificultades de la aplicación práctica de soluciones técnicas casi futuristas en 1942 (presurización completa, control automático del armamento defensivo, enormes velocidades de despegue y aterrizaje y un largo etcétera) pesaban demasiado y era posiblemente el precio a pagar por algo tan revolucionario. Sin embargo, el diseño básico del avión era magnífico y cuando los defectos de juventud se pulieron, la Superfortaleza se convirtió en un arma formidable. Un arma capaz de destruir hasta los cimientos las ciudades japonesas que se le pusieron por delante. Empezando a operar desde la India o China, y luego desde cinco bases situadas en las Islas Marianas (precisamente hoy, 24 de noviembre, se cumplen 69 años de la primera operación de bombardeo realizado a Tokio desde Saipan, una isla de aquel archipiélago), las temibles Superfortalezas empezaron a atacar las ciudades niponas, cada vez en mayor número, cada vez con más mortífera precisión.

Un B-29 despega desde la base de Saipán en las Marianas (fuente: U.S. Air Force)

Un B-29 despega desde la base de Saipán en las Marianas (fuente: U.S. Air Force)

Aquellas abigarradas metrópolis japonesas, construidas casi por completo en madera, fueron pasto de las destrucción creada por las bombas incendiarias de fósforo o napalm. Y la muerte producida fue terrible. Como muestra un dato: el bombardeo sobre Tokio en la noche del  10 de marzo de 1945, arrasó el veinticinco por ciento del área metropolitana y acabó con la vida de 83.783 personas. Esa cifra superaba a las producidas en las explosiones atómicas de Hiroshima o Nagasaki, pero por estas últimas es por la que el B-29 es más recordado. Los ingenios de uranio y plutonio que Enola Gay y Bock´s Car portaban en sus panzas en aquellos días de agosto de 1945 demostraron al mundo que los Estados Unidos iban a acabar con aquel conflicto de una vez por todas, sin más dilaciones y sin más posibilidades de muertes honorables ni suicidios colectivos para los japoneses. Aquellas dos bombas metieron al mundo en la era atómica, pero además crearon un nuevo concepto que penduló peligrosamente sobre la Humanidad desde entonces: el del arma disuasoria. De hecho, aunque reducida su flota operativa (complementada con la versión mejorada B-50), continuó teniendo este papel en la siguiente guerra que embarcó a las barras y estrellas en Corea, aunque aviones aún más grandes y capaces estuvieran ya en servicio.

Vista frontal en vuelo de un B-29 superviviente.  Su inconfundible perfil y su aerodinámica línea convierten a este avión en una hermosísima máquina (fuente: Bill Crump)

Vista frontal en vuelo de un B-29 superviviente. Su inconfundible perfil y su aerodinámica línea convierten a este avión en una hermosísima máquina (fuente: Bill Crump)

Tampoco queremos terminar con un poso negativo y amargo para con este avión. El B-29 fue un ejecutor tecnológicamente avanzado y un excepcional avión, que demostró con creces su valía como arma y como aeroplano. La guerra y la muerte que llevara no eran inherentes a él (ni a ningún otro aeroplano), sino a los seres humanos. Posiblemente sea ver una película como “El arca de Noé” lo que nos permita hacerle un guiño más amable a este hermoso cuatrimotor.

Especificaciones Boeing B-29A Superfortress:

  • Origen: Boeing Airplane Company.
  • Planta motriz: Cuatro motores radiales refrigerados por aire Wright R-3350-23. Duplex Cyclone, de 18 cilindros en doble estrella con turbocompresores accionados por los gases de escape, de 2.200 hp. cada uno.
  • Dimensiones: Envergadura: 43,5 m. Longitud: 30,2 m. Altura: 8,46 m.
  • Pesos: Vacío: 33.795 kg. Máximo al despegue: 61.240 kg.
  • Prestaciones: Velocidad Máxima: 575 km/h. Velocidad de crucero: 467 km/h. Velocidad de trepada: 4,6 m/s. Techo de servicio: 10.973 m. Alcance en combate: 5.230 km. Alcance en ferry: 9.000 km.
  • Armamento: Torreta accionada eléctricamente con cuatro ametralladoras Browning M2 de 12.7 mm sobre el morro. Torretas con dos ametralladoras de 12.7 mm cada una en posición posterior dorsal y posterior ventral y dos ametralladoras de 12.7 mm y un cañón M2 de 20 mm en posición de cola. Carga máxima de bombas: 9.000 kg en bodegas internas.
  • Tripulación: 10-14.

Bibliografía consultada:

VV.AA. (1986). Guía ilustrada de bombarderos de la Segunda Guerra Mundial (I). Barcelona: Ediciones Orbis.

Mondey, D. (1996). American Aircraft of World War II. Londres: Chancellor Press.

Wheeler, K. (2009). Bombarderos sobre Japón. Barcelona: Ediciones Folio.

Berger, C. (1976). B-29. La superfortaleza. Madrid: Editorial San Martín.

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